Escribí y grabé esta canción en el verano de 2025, bajo una enorme presión psicológica. En ese entonces vivía en Alemania, donde el clima político hacia las voces que apoyan a Palestina —o más bien, que apoyan la humanidad— se volvió cada vez más hostil. Esto puede verse claramente en los videos de las manifestaciones en Berlín: manifestantes pacíficos siendo golpeados y silenciados.

Esta canción nació de un profundo sentimiento de desilusión. Me encontré en un país que afirma defender la democracia y los derechos humanos, pero los niega de las formas más duras. Es un grito desde adentro —un llamado a los árabes a romper el silencio y a no permitir que se cometa el crimen del siglo contra sus hermanos y hermanas.

Pero esta canción va más allá; es por la humanidad. Es un intento de recuperar el “valor del ser humano”. En ella pregunto: ¿cuáles son los horizontes de la humanidad cuando un niño es asesinado ante los ojos del mundo? Hablo de la necesidad urgente de construir un nuevo mundo, basado en valores humanos reales.